Hay miradas que matan.
Miradas que enamoran, que te acarician.
En las que te ves, en las que te sientes, en las que te odias...
Miradas que hablan, y también que callan.
Que regalan sonrisas mudas. Y sueños. Y consuelo.
Hay miradas que hipnotizan.
Miradas que te absorven, te anulan.
Que te desmontan, te desnudan, que te leen por dentro.
Que insinuan.
Hay miradas que escriben cuentos.
Que te hacen sentir princesa, o sapo, pero de los bonitos, que con un beso te transforman.
Miradas que inspiran poesías.
Las hay que te atraviesan.
De las que ya no olvidas, las que no quieres que te olviden.
En las que te pierdes, o te encuentras,
porque también las hay que iluminan.
Hay miradas que te derriten, o te congelan.
Con las que ardes mientras arden.
Con las que lloras mientras ríes,
Con las que lloras mientras ríes,
o ríes mientras lloras.
Las hay vacías, como cuencas oscuras.
Las que dan desconfianza, miedo, odio...
LLenas de dolor, de pena, de llanto contenido.
Pero, también, las hay chispeantes, rebosantes de vida.
Frescas, claras, transparentes.
Hay muchos tipos de miradas, muchísimos!
Amplias, o más estrechas...
De diferentes formas, tamaños y colores.
Hay una mirada esperando para cada persona.
Y una persona esperando para cada mirada.
Y una persona esperando para cada mirada.
La mía, mi favorita, es la curiosa.
La que busca la magia.
La que busca la magia.
Es una mirada que enseña el alma.
Almas verdes, almas azules, o grises...


