miércoles, 21 de octubre de 2009

Niña

Ella sonreía todo el día, daba igual cuándo la miraras... tenía la sonrisa perpetua en la cara.
Iba y venía del colegio a casa de sus abuelos, y de casa de sus abuelos a casa de sus padres, pero sólo los fines de semana, que trabajaban mucho para que no la faltara de nada.

Vestía un uniforme azul marino, con unas medias, y una rebequita roja que le encantaba, porque le encantaba el rojo.
Se pasaba todo el día jugando, menos cuando estaba en clase, que la habían dicho que ahí tenía que hacer lo que la profesora dijera... y ella, era muy obediente...

Se despertaba todos los días cuando la abuela subía la persiana del cuarto, o eso la hacía pensar a ella... pq llevaba un rato despierta, debajo de la cama, para darle un susto cuando la abuela, al ir a destaparla a la cama, viera que no era la niña, sino la almohada...
A la abuela la gustaba que se levantara de tan buen humor y, mñn tras mñn, se sorprendía igual que el primer día, cuando descubría una almohada bajo la manta en lugar de a su nieta.

Desayunaba siempre "sopa de galletas", que le hacía con leche y galleta machacada la abuela mientras que ella veía los dibujos de la Abeja Maya en la tele.

Después, el abuelo la llevaba al cole.

Allí pasaba todo el día. Comía en el comedor, pero le gustaba. Comía todos los días con sus amigas, cosa que no hacían las niñas que la decían que ellas comían todos los días con sus padres... y no la importaba.

En clase siempre fué buena, sacaba buenas notas, prestaba atención... y en los recreos, daba rienda suelta a toda esa pillería de cuando se tienen siete años.

Al salir por las tardes de clase, la abuela y el abuelo iban a buscarla juntos, y la llevaban un vaso de leche y una pelota, para que jugara con las amigas de otras clases.
Pero los viernes era su día favorito! Los viernes, no la recogían los abuelos, la recogían sus papás! Y la encantaba ir diciéndolas a todas las amigas y a sus madres, que su mamá era la más guapa de todas...

Se iban a casa. Fin de semana!! A disfrutar! Salían, entraban... no paraba quieta!
Hasta el domingo por la tarde, que tocaba hacer los deberes... sí, en el último momento del fin de semana... pero nunca los dejó sin hacer!

Luego, por la noche, papá la llevaba otra vez donde los abuelos, y la abuela la metía en la cama y le contaba los cuentos de Disney que tanto la gustaban...

Se puede decir que, aun que fué una niñez rara por no vivir con sus padres, fué una niñez muy feliz!!

Ahora miro atrás en el tiempo, y de esa niña sólo queda el nombre, Carol, los ojos, el color del pelo...
Ahora ya no me puedo preocupar sólo por no saberme la tabla del seis, que mira que me costó...
Echo de menos a Carol, la de los siete años... y me da una envidia terrible...

No me gusta crecer. No me gusta tener que hacerme mayor...

Quiero volver a ser Carol, quiero volver a casa de los abuelos...

Qué asco más gordo tener que crecer!
Qué asco de responsabilidades!
No las quiero más!!!